Al indagar en línea respecto al suero inmunizador contra el COVID-19 en su tercera etapa, los buscadores de internet nos arrojaran enlaces con preguntas como ¿Cuándo hace efecto la tercera dosis de la vacuna? ¿Por qué la tercera dosis de la vacuna covid-19 sienta peor y que efectos secundarios tiene? O “la tercera dosis no frena el avance de la ómicron, lo que nos lleva a cuestionarnos aun mas la razón de la existencia de esta tercera dosis. Si bien es cierto que nos dimos cuenta de que era necesaria la aplicación de una dosis para reducir o frenar los fatídicos efectos que estaba teniendo el COVID-19 en la mayoría de las personas desde inicios de la pandemia, no es menos cierto que genera suspicacia una continua aplicación de este fármaco.
En principio muchos estuvimos escépticos, de hecho, si nos tomamos unos segundos para recordar aquel alboroto cuando los científicos anunciaron que ya habían logrado crear un suero para contrarrestar los efectos del covid-19, serán vívidas las imágenes sobre personas diciendo que no se aplicarían la vacuna “porque había sido desarrollada demasiado rápido”, “que no habían sido testeadas”, “que sus efectos secundarios eran imposibles de predecir”, hubo quienes incluso asociaron y aun asocian la vacuna a temas religiosos. También recordaremos a las autoridades gubernamentales y sanitarias diciendo que esta era la única vía de evitar los contagios, de reducir los efectos funestos y de volver a la normalidad de nuestras vidas, pero sucede que, de estos tres, solo se ha hecho realidad uno y no completamente. La normalidad se puede definir mas bien como una nueva normalidad o como la llamó el entonces presidente de la República, Danilo Medina, covidianidad.
Con todos los esfuerzos y polémicas del momento, una gran parte de la población acudió a los centros de vacunación a inocularse, dejaron de morir tantas personas, las puertas de los comercios comenzaron a abrirse y de repente sentimos que podíamos volver a respirar sin sentir el calor de nuestro propio aliento chocando con las mascarillas, y que podríamos salir a la calle y reconocer a los que estaban frente a nosotros más allá de sus ojos, pero no fue así, se nos dijo que era necesario seguir manteniendo “ciertas precauciones”. Muchos las hemos seguido, pero entonces surgió una segunda cepa y por tanto una segunda dosis, otra nueva cepa y ahora una tercera dosis. Uno se pregunta ¿a cuantas dosis llegaremos? ¿por que a pesar de cada dosis debemos seguir “los mismos protocolos”? ¿Por qué aun con tres dosis uno se contagia? ¿Por qué siguen muriendo personas aún con todos los “refuerzos” aplicados?
Si investigamos y leemos un poco más, veremos discusiones en foros profesionales y en juzgados de todo el mundo donde se hacen denuncias sobre efectos graves que están teniendo la aplicación de mas de una dosis de manera continua. Con esto no estamos diciendo que nadie deba vacunarse o que debemos temerle más a vacunarnos que a no estarlo, si no mas bien, invitando a las autoridades a ser más coherentes y claros, y a la población a investigar, a que juntos lleguemos a una soclución que no implique una interminable lista de dosis que aplicar. ¿Que somos vacunados desde que nacemos contra cientos de virus? Si, pero ahí esta la diferencia, con vacunas anuales, algunas de una sola vez en la vida, entonces ¿por qué en menos de dos años llevamos ya tres dosis inclusive de componentes distintos?
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