miércoles, 9 de febrero de 2022

El tesoro escondido de RD

Primer parcial 

Por Heidy Soler (2019-12910



San Cristóbal, un destino que la mayoría ha conocido mayormente por ser la cuna de la constitución de República Dominicana, esa provincia colocada al pie de las montañas que forman parte de la cordillera central y bordeada por las aguas del río Nigua y Nizao tiene tanta historia que contar como lugares que recorrer y potencial por explotar. Un diamante en bruto. A través de los años, había escuchado hablar de ella por lugares que ya he visitado como la casa de veraneo del tirano y expresidente de la República Rafael Leónidas Trujillo, por la mina de cal a las afueras de esta propiedad y por la playa Palenque, uno de los destinos preferidos por los veraneantes del sur y la única de arenas negras en el país. Siempre me preguntaba si había algo más allá, lugares poco conocidos por el resto de la gente, pero especiales para los locales. Asi fue como di con una comunidad pequeña y de bajo crecimiento económico conocida como Los Cacaos, podría decir que allí se encuentran algunas de las cascadas más espectaculares con que cuenta no solo la parte sur de la isla sino de todo el país.

La llegada hasta este municipio está adornada de vistas panoramicas de las montañas de la cordillera central. El clímax de estas se aprecia en los tramos entre Madre Vieja y Cambita Garabitos, desde donde usualmente se hacen también saltos de parapentes. La vegetación densa y verde hace recordar parte del camino hacia el valle de Constanza y Jarabacoa, al igual que el clima y la abundante neblina que se posa sobre la zona desde el amanecer hasta tempranas horas de la mañana. Este camino plagado de curvas y pendientes pronunciadas puso a prueba mi capacidad conducción, gran parte de él está en buenas condiciones y algunos tramos están ya rústicos, desgastados y con baches profundos de los cuales

La culebra 

cuidarse. Un gran letrero colocado al lado del destacamento militar de la zona, con los colores de la bandera dominicana da la bienvenida al municipio Los Cacaos, además de un arco de concreto con dos grandes simulaciones de puertas. En la calle principal se encuentra el punto de partida para todas las aventuras con que cuenta la zona, Luna Herrera Travels, es una de las compañías que ofrece servicios de guía comunitarios hacia los más de ocho atractivos ecoturísticos.

Nuestro recorrido de dos días inició en los Reyitos, un jacuzzi natural de aguas verde esmeralda provenientes del río Nizao, el camino hacia este punto se hace desde Los Cacaos hasta la central Los Mineros, 40 minutos de carretera entre estrechas montañas hasta donde se debe dejar el vehículo para hacer una caminata a pie entre río, piedras y algunas zonas boscosas de aproximadamente 20 minutos. En el camino hay un punto en donde se expenden los más deliciosos pescados fritos, moro de guandules con coco y tostones, al módico costo de 400 pesos por persona. A solo dos minutos caminando está la cascada Los Reyitos, de altura media, profundidad de más de 7 metros y frías aguas con corriente de media a baja. Lo definiría como un sendero de dificultad baja, apto para toda la familia, pero con requerimiento de buenos deseos de caminar.

Continuamos el paseo hacia El Tabernáculo, un sendero del Arroyo Santa Cruz de dificultad alta. Para llegar hasta esta espectacular cascada, fue necesario escalar por rocas de más de dos metros de altura, subir escaleras improvisadas de madera, nadar entre charcos profundos y descender a rapel en algunas secciones que no se puede saltar por los riesgos de impacto. Todo esto se puede

hacer en un tiempo aproximado de 50 minutos dependiendo de la condición física. Al estar en El Tabernáculo tuvimos la sensación de estar en una cueva, es muy poco el sol que se asoma entre las formaciones rocosas y las corrientes del agua son intensas, es necesario un chaleco salvavidas y casco para protegerse de los posibles golpes o caídas. Una vez ahí, no queríamos salir del agua. Es calmante y refrescante. Un oasis perfecto, con nada más que el ruido de la naturaleza. Una particularidad que tiene esta ruta es que existen diversos charcos en los que te puedes lanzar por toboganes naturales formados por las rocas y las corrientes del río.

El regreso hacia Los Cacaos nos tomó el mismo tiempo que de salida. Llegando a la comunidad nos esperaba un manjar criollo de la tradicional bandera dominicana, preparada por doña Carmen, una madre luchadora de la comunidad que se dedica ofrecer sus servicios de comida a quienes deciden aventurarse con Luna Herrera Travels, además del plato del día para los lugareños. Una deliciosa taza de café hizo de complemento perfecto para un almuerzo con sabor a campo que nos dejó listos para ir hacia nuestro lugar de descanso. Una hermosa casa de campo conocida como Villa Clara, ubicada a orillas del río, en la parte más rural del pueblo, alejada del ruido y la civilización. En la noche se podía escuchar solo el canto de los grillos y el ruido del río que con el silencio de la noche se hacía más intenso. Se respiraba aire puro y fresco, ese olor particular a tierra mojada y a yerba fresca.

La Taína 
Con la salida del sol, nos despertamos para ir nuevamente hacia el punto de encuentro en Los Cacaos, de allí partimos hacia la presa de Jigüey, en donde se deja el vehículo para iniciar el recorrido hacia la cascada más deseada por mi, La Culebra. El camino fue increíblemente hermoso, mucha vegetación, siembras de plátanos, de vegetales y de frutas como naranjas que aprovechamos para comer en una de las paradas de descanso, luego de haber pedido permiso a uno de los cuidadores. A medida que ascendiamos me daba cuenta de que me esperaba un día de adrenalina a tope, algunos de los trillos por los que debimos pasar eran tan estrechos que apenas se podía dar un paso al lado del orto y debíamos subir agachados, casi apoyando las cuatro extremidades y al momento de bajar debíamos hacerlo sentados. En algún momento me resbalé y me pegué un golpe en la pierna derecha, pero seguí luego de pocos segundos sabiendo que valdría la pena, después de todo no era la primera vez que me pasaba algo parecido, a estos golpes los suelo llamar “heridas de guerra” y son parte de las historias que cuento como momentos memorables de mis aventuras.

Después de más de una hora de camino, de más tropezones, de saltos, chapuzones, subidas a rapel y escalada de espalda y piernas por un estrecho pasadizo, llegamos a una de las caídas de agua más impresionantes que he visto en mi vida, me emocioné de tal manera que mis ojos se llenaron de agua y no precisamente de la que brotaba de la cascada. Estaba atónita ante lo que veían mis ojos. Eran rocas negras, casi lisas, con una formación y tamaño impactantes, casi daba la impresión de estar en uno de esos fondos de pantalla programados en Windows que solo se cree que existen en Islandia, pero no era aquí, en RD, en un pequeño pueblo a menos de dos horas de la ciudad y con todo el potencial para ser el destino ecoturístico por excelencia de la bella Quisqueya. Luego de estar por al menos una hora allí decidimos bajar, ya que por la forma de cueva de esta cascada y el nulo sol que había dentro se sentía un frío paralizante, que casi entumecía las manos. En el camino de regreso paramos en la cascada la Taina otra tan especial como la anterior, pero de más fácil acceso. Regresamos ese día a Santo Domingo, con la seguridad de que volveríamos allí para explorar los lugares que nos faltaron en esta ocasión.

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